viernes, 3 de junio de 2016

"Caravaggio" y el tenebrismo


Del 21 de junio al 18 de septiembre de 2016 el Museo Thyssen-Bornemisza presenta "Caravaggio y los pintores del norte", una exposición sobre la reconocida figura de Michelangelo Merisi Caravaggio (Milan, 1571 - Porto Ercole, 1610) y su influencia entre los pintores del norte de Europa, que fascinados por su pintura difundieron su estilo.
Con la curaduría de Gert Jan van der Sman, profesor de la Universidad de Leiden y miembro del Istituto Univesitario Olandese di Storia dell´Arte de Florencia, la muestra reúne un conjunto de 53 obras -12 de ellas del maestro lombardo- que abarcan el curso de la carrera de Caravaggio, desde el periodo romano hasta las emotivas pinturas oscuras de sus últimos años, junto a una selección de obras de sus más destacados seguidores en Holanda, Dirk van Baburen, Gerrit van Honthorst o -Hendrick Ter Brugghen-, Flandes -Nicolas Régnier o Louis Finson- y Francia, Simón Vouet, Claude Vignón o Valentin de Boulogne.
"Caravaggio" y los pintores del norte sumerge al visitante en la época de Michelangelo Merisi y a las décadas que siguieron a su muerte, cuándo su fama aún estaba en su punto álgido, un periodo especialmente rico en hitos pictóricos de su paleta.
La exposición se abre con dos salas dedicadas a la producción del pintor en Roma, continúa con los cuadros de los artistas del otro lado de los Alpes que contemplaron con sus propios ojos la obra de Caravaggio y termina con las pinturas de Merisi, y sus seguidores extranjeros en Nápoles y el sur de Italia.
Entre 1600 y 1630 se establecieron en Roma más de dos mil artistas de los cuáles una tercera parte eran extranjeros que convirtieron la Ciudad Eterna en un crisol artístico. Los pintores del norte de Europa estaban dispuestos a seguir el estilo de Caravaggio, impulsados principalmente por dos motivos: la menor importancia del componente clásico en la tradición pictórica del norte y la facilidad para aplicar el estilo de Merisi, fuera del contexto tradicional de un taller o una academia de dibujo.
En los Países Bajos y las regiones germánicas basaban trabajar al natural y en motivos visibles a su alrededor, era una costumbre muy arraigada. Esto establecía un vínculo con la forma de trabajar de Merisi, cuyo origen lombardo lo predisponía a pintar "ad vivum", un método que los pintores clásicos consideraban inadecuado porque suponía un obstáculo para alcanzar la perfección en el arte.
Por otro lado, la mayoría de los artistas holandeses, flamencos o franceses que se establecían en Roma, tenían recibido una formación básica en dibujo y pintura de su país de origen, estaban interesados en captar y asimilar rápidamente las nuevas ideas.
El arte de Caravaggio era considerado tenebrista y atractivo para ellos por la posibilidad de trabajar al natural por el uso de la luz, las sombras y el color se acentuaba más intenso. Los forasteros podían incorporar éste estilo al suyo propio sin tener que ceñirse a un programa de estudios, ya que Caravaggio traslada al visitante a la época de Michelángelo Merisi y a las décadas que siguieron a su muerte, cuándo su fama aún estaba alta en un periodo especialmente rico en hitos pictóricos.
La exposición se abre con dos salas dedicadas a las obras que el pintor realizó durante sus años en Roma, en las que se pone de manifiesto su polifacética carrera. En las siguientes, se presentan cuadros de artistas del otro lado de los Alpes que contemplaron con sus propios ojos la obra de Caravaggio. El resultado de sus impresiones se muestra desde una perspectiva lo más amplia en que se buscaban nuevos modos de expresión, tanto en el arte religioso como en el profano.
Las dos últimas salas están dedicadas a la producción de Caravaggio y sus seguidores extranjeros en Nápoles y el sur de Italia.

Caravaggio en Roma (1592 - 1606)


Durante sus primeros años Caravaggio realiza cuadros que vende a través de marchantes por importes modestos. Se trata de escenas de género y naturalezas muertas con frutas y flores, una especialidad que trae consigo desde Lombardía. Con "Muchacho mordido por un lagarto" entre 1593-1595 consigue asombrar a sus contemporáneos por las cualidades miméticas del jarrón con flores, como por la expresión melodramática del joven.
Sus representaciones de tipos populares de las calles de Roma,
como "La buenaventura" de 1595-1596, llaman la atención de pintores y coleccionistas. El cardenal Francesco Maria del Monte su primer benefactor, le ofrece alojamiento en el Palazzo Madama, donde pinta "Los músicos" de 1595-1596 y Santa Catalina de Alejandría en las que se puede apreciar la rápida evolución de su técnica, desde la paleta brillante y colorida del primero al marcado claroscuro del segundo. Su capacidad para dejar de lado las convenciones y abordar temas tradicionales con una sorprendente originalidad queda mostrado en "David con la cabeza de Goliat" hacia 1598-1599 .

Los años 1596 y 1597 marcan un punto de inflexión en su carrera
gracias al encargo de dos lienzos para la Capilla Contarelli en la Iglesia de San Luis de los Franceses –"La vocación y El martirio de San Mateo"-, donde el artista combina su predilección por la representación natural y los tipos populares en un conmovedor dramatismo. En el momento que se muestran al público durante el Jubileo de 1600, Caravaggio se convierte en el pintor más solicitado de la Ciudad Eterna y se suceden los encargos tanto públicos como privados para clientes como Maffeo Barberini, futuro Papa Urbano VIII, para el que pinta "El sacrificio de Isaac" en 1603 o el banquero Ottavio Costa, que le encarga "San Juan Bautista en el desierto" de 1602.


Los primeros admiradores en Roma son Adam Elsheimer y Peter Paul Rubens que en 1600, cuándo el pintor alemán Adam Elsheimer (Frankfurt am Main, 1578 - Roma, 1610) se establece en Roma, Caravaggio está terminando sus lienzos para San Luis de los Franceses. Peter Paul Rubens (Siegen, 1577 - Amberes, 1640) llega a la ciudad un año más tarde cuándo el lombardo está ya en boca de todos. Elsheimer y Rubens son los primeros pintores del norte de Europa que están en contacto con la obra de Caravaggio y la influencia de Merisi puede detectarse en el primer encargo oficial de Rubens en Roma: los retablos para la basílica de la Santa Cruz de Jerusalén.
Este acercamiento se pone de manifiesto en la intensa iluminación de algunos fragmentos. Rubens incluye el tipo caravaggiesco del joven de aspecto seductor con rizos negros en "Cabeza de joven" en 1601- 1602.
Durante su segunda etapa en la ciudad, entre 1605 y 1608, pinta "La adoración de los pastores" de 1608, con un claroscuro en la zona donde están representados los ángeles.


El pintor flamenco juega un papel clave en la adquisición de la controvertida Muerte de la Virgen para las colecciones del Duque de Mantua. La obra había sido rechazada por los carmelitas de Santa Maria della Scala por el realismo con el que Caravaggio había representado a la Virgen.
Trás su regreso a Flandes, Rubens se inspira en varias ocasiones en los cuadros del italiano, como en la famosa copia libre del "Santo entierro" de la que se muestra aquí un dibujo.



 Artistas y amantes del arte: Quadri da stanza y quadri d´altare

 Los hermanos Benedetto y Vincenzo Giustiniani, además de poseer quince obras de Caravaggio, ayudaron a muchos pintores extranjeros a conseguir encargos y acogieron en su casa a los artistas Gerard van Honthorst (Utrecht, 1592 - 1656), David de Haen (Rotterdam, 1597(?) - Roma, 1622) y Nicolas Régnier (Maubeuge, c.1588 - Venecia, 1667). Dirck van Baburen (Wijk bij Duurstede c.1594 – Utrecht, 1624) también tuvo la suerte de contar con un mecenas a poco de llegar a Roma, el español Pedro Cosida, embajador de Felipe III en Roma, cuyo patrocinio culminó en la decoración de la capilla de Cosida en San Pietro in Montorio. Una de las obras más admiradas del periodo romano de Van Baburen es "El entierro de Cristo de 1617".


Hendrick ter Brugghen y la Escuela de pintura de Utrecht Hendrick ter Brugghen (La Haya (?) - Utrecht, 1629) fue el primero de los pintores holandeses que, trás su estadía en Roma, regresó en 1614 a su país e introdujo los temas y fórmulas estilísticas de Caravaggio.

                                                           
                                                                           




En "La cena de Emaús" de 1616  y "La vocación de san Mateo" hacia 1617-1619  adopta el estilo compositivo de Merisi con una paleta brillante, en la que se destacan las sutiles gradaciones de color y el esmero con el que pinta las arrugas de la piel, los pliegues y los tonos de los tocados o el reflejo de la luz en los objetos. El regreso de Gerard van Honthorst y Dirck van Baburen a Utrecht, entre 1620 y 1621, influye en la evolución estilística de Ter Brugghen, surgiendo entre ellos una sana rivalidad que les lleva a emularse o a intentar superarse en cuadros como "Pífano" o "Flautista", ambos de 1621, que Ter Brugghen pinta las figuras de músicos de medio cuerpo de Baburen, como "Joven cantante" de 1622.


Con el tiempo, la paleta de Honthorst se vuelve más brillante y colorida en obras como "Alegre compañía" de 1622. Los pintores franceses en Roma La sala reúne obras de artistas franceses que trabajaron en Roma entre 1610 y 1630, un colectivo especialmente interesante por su diversidad social y cultural.
Entre los pintores extranjeros que residían en la capital italiana, Simon Vouet (París, 1590 - 1649) era el que tenía una posición más privilegiada. Hijo de un pintor de cámara, creció en París y tuvo acceso a la corte a edad temprana, después de un breve periodo en Venecia, en 1613-1614 se establece en Roma y empieza a recibir una asignación de la casa real francesa. El carácter oficial de su estadía le proporciona gran prestigio en los círculos artísticos y el favor de los grandes coleccionistas, para los que realiza obras como "David vencedor de Goliat" de 1621.



Claude Vignon (Tours, 1593 - París 1670) y también procedía de un entorno acomodado. Su padre era ayudante de cámara del rey, nació en Tours, lugar habitual de residencia de los reyes franceses, pero creció en París. Su estadía en Roma se inicia en 1609-1610, interrumpida por sus viajes a España y París (1616-1617) por lo que es probable que pintara su impresionante "Martirio de San Mateo" de 1617 en suelo francés.


Su amistad con Vouet impulsó su carrera en Roma. La situación de ambos contrasta con la lucha de Valentin de Boulogne (Coulommiers, 1531 - Roma, 1632) por alcanzar el éxito, y pasarán varios años antes de que Valentin encontrara un mecenas estable en la figura de Francesco Barberini, Su biógrafo Giovanni Baglione, que vinculaba su manera de pintar al natural con su estilo de vida disoluto. Al igual que Caravaggio, realizaba grandes composiciones a base de pinceladas aplicadas directamente sobre el lienzo. A pesar de la complejidad de creaciones, como David con la cabeza de Goliat y dos soldados [hacia 1616-1618] no hay indicios de que preparara la ejecución de sus cuadros con dibujos o estudios preliminares.


Caravaggio y sus seguidores en Nápoles y el sur de Italia Entre los pintores extranjeros instalados en Nápoles e influidos por Caravaggio se destacan dos: Louis Finson (Brujas, c.1580 - Ámsterdam, 1617) y Matthias Stom ((?) c. 1600 - Italia septentrional (?) posterior a 1649).
El primero es el único caravaggista del norte que muy probablemente conoció en persona al maestro, y Stom el último de sus seguidores, en cuya obra sigue detectándose su influencia hasta aproximadamente 1640. Finson se establece en Nápoles en 1605, donde comienza a colaborar con Abraham Vinck, pintor especializado en retratos.
Se considera que Caravaggio debió de entablar amistad con ambos y cuándo se marcha a Malta, en 1607, les confía dos de sus obras, "Judith y Holofernes" y "La Madonna del Rosario".













En 1612, Finson se establece en el sur de Francia donde cosecha un considerable éxito pintando a la manera de su maestro. Muere en 1617 en Ámsterdam, en casa de su amigo y socio Vinck. Los cuadros que ambos llevan a su país son las primeras (y únicas) obras originales de Caravaggio que se pudieron admirar en los Países Bajos. Veinte años después de que Finson abandonara Nápoles, Stom se establece en la ciudad. Se desconoce si nació en Amersfoort (cerca de Utrecht, Holanda) o en Flandes. Es posible que uno de sus maestros fuera Gerard van Honthorst, quién le inculcaría su predilección por las escenas a la luz de las velas.
Los cuadros con figuras en primer término fueron una de las claves de la buena acogida de su obra en Nápoles, donde dirigió su propio taller desde 1635 hasta 1639 aproximadamente.
En la década de los años treinta, su técnica se hizo más fluida y sus colores más vivos. Stom se trasladó a Sicilia, donde realizó algunos encargos públicos. "La flagelación de Cristo" de hacia 1640 es una composición llena de dinamismo, donde las figuras de tamaño natural están iluminadas con gran sentido del dramatismo. Una escenografía, dominada por el claroscuro, en la que el desnudo idealizado de Cristo contrasta con el aspecto tosco de los verdugos y donde resuena el último eco de Caravaggio.
La exposición se cierra con "El martirio de santa Úrsula" de 1610, en que Caravaggio se autorretrata sujetando una lanza en el momento en el que el rey de los hunos hiere con su flecha a la Santa. Pintado pocas semanas antes de su muerte, éste cuadro constituye un punto culminante de la última parte del recorrido de la exposición.



lunes, 30 de mayo de 2016

"La ruta de los emperadores romanos en Serbia"


El lugar donde se asentaron las antiguas provincias romanas Moesia Superior y Panonia Inferior, dieron al mundo 18 emperadores romanos, una quinta parte del total de los gobernantes del poderoso imperio, que constituye el mayor número de emperadores nacidos fuera de Italia.


En ellos quedaron las ciudades: Sirmium, Viminacium, Justiniana Prima, Félix Romuliana, Diana, Mediana, Ulpiana. con sus fortificaciones, edificios votivos, en las ciudades que imperaban, las series numismáticas que recuerdan sus rostros, son los vestigios heredados de la vida y la muerte que sustentaron.

No todos los emperadores de origen serbio dejaron rastros tangibles, como lo hizo Galerius en la ciudad de Félix Romuliana, ya que algunos de ellos son recordados por sus aclamadas proezas.
En la batalla contra los godos, por ejemplo, el primer soldado que cayó muerto fue el hijo del Emperador Traianus Decius, y el emperador exclamó: “¿Acaso el ejército romano se detendrá por un solo soldado caído?” y dirigió el ataque que derrotó a los bárbaros y trás el cuál murió valientemente.


Gran número de emperadores romanos, de los siglos III y IV, nacieron en una parte del Imperio donde se glorificaban las ideas sobre las virtudes individuales que hacían que el campesino se convertiera en soldado y en el ejército accediera a la gloria. Ese fue el camino de supremos valores morales que se generó en éste territorios, y los científicos occidentales los llamaron “hijos de la felicidad”, por la manera de llegar al trono imperial.


 En Sirmium, actualmente Sremska Mitrovica en los alrededores de Serbia de gran trascendencia comercial, nacieron los llamados “Emperadores de Panonia”, Traianus Decius, Aurelianus, Probus, Maximianus Herculius, Constancius II, Gratianus y perdió tal condición después de la decadencia Romana al pasar el gobierno a los Hunos y más tarde a los Gépidos.
En la antigua Naissus, hoy la ciudad de Niš, en el Sur de Serbia, nació el más importante de todos los emperadores romanos de ésa región, Constantino el Grande, que sentó las bases en la Europa fundando Constantinopla que hoy conocemos, y fundó la Nueva Roma que liberó a los cristianos.


En la conmemoración de diecisiete siglos del Edicto de Milán en 2013, fue motivo para preparar ésta exposición sobre los dieciocho imponentes emperadores, en el marco del proyecto “Itinerarium Romanum Serbiae – "La ruta de los emperadores romanos en Serbia”, con el objetivo de hacer más visible éste periodo de la historia para acentuar su importancia.
La exposición fue presentada en Serbia, como en Europa y en Estados Unidos de América, invitando al público nacional e internacional a visitar y conocer los sitios arqueológicos de Serbia, donde los romanos dejaron su importante trazos y huella.
En ésta oportunidad se presenta la muestra en la sala de museo de la Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.

martes, 27 de octubre de 2015

"LA ILUSIÓN del LEJANO OESTE"


El Museo Thyssen-Bornemisza presenta del 3 de noviembre de 2015 al 7 de febrero de 2016 una exposición que propone, por primera vez en España, seguir los pasos de los artistas que en el siglo XIX se adentraron en los territorios del Oeste norteamericano, asumiendo mostrar sus paisajes, desconocidos y exóticos, y representar las formas de vida de los indios americanos que desaparecían por efecto de un programa ideológico, político, militar y colonizador.
Estos artistas contribuyeron a crear una “ilusión” del Lejano Oeste, combinando el entusiasmo romántico y la admiración genuina con los prejuicios y expectativas que enturbiaban la mirada del hombre blanco; una imagen que se convertiría en el mito del indio salvaje, viviendo en las praderas en comunión con la naturaleza, muy alejado de la visión que el cine popularizaría años más tarde y que estuvo centrada en mostrar el punto de vista de los ocupantes y las fatigas y peligros a los que tuvieron que enfrentarse.  Karl Bodmer, George Catlin, Henry Lewis, Albert Bierstadt, Edward S. Curtis o Carleton E. Watkins, entre otros, la exposición presenta éste apasionante capítulo, poco conocido de la historia del arte.
Algunas de las obras pertenecen a la propia colección permanente del Museo, la única en España de éstos pintores, reflejo de la pasión del barón Hans Heinrich Thyssen Bornemisza por las narraciones literarias, cinematográficas y artísticas sobre el Oeste.  La muestra comienza con un prólogo dedicado a los exploradores españoles que establecieron los primeros contactos con las tribus, ya desde el siglo XVI, que incluye diversos objetos etnográficos que se distribuyen a lo largo del recorrido, así como libros, cómics, carteles de cine y otros elementos que mostrarán la divulgación que han tenido en el siglo XX las leyendas sobre el Lejano Oeste.  A Miguel Angel Blanco, artista y curador o comisario de la exposición, interesado desde hace años en la cultura india, presenta una selección de libros-caja de su Biblioteca del Bosque, realizados con materiales que ha recogido en sus viajes por las llanuras y los cañones montañosos de Estados Unidos.

Mapear la fantasía 

La colonización estadounidense del Lejano Oeste en el siglo XIX estuvo precedida por las
expediciones colonizadoras españolas desde Florida y Nuevo México, entre los siglos XVI y XVIII, que estuvieron guiadas en un primer momento por la búsqueda del oro como imaginarias riquezas y como tal resultó una prolongada presencia en los territorios del sudoeste durante unas décadas, en toda la cuenca del Missisipi.
Quedan pocos testimonios artísticos de ésta etapa, pero contamos con la cartografía para seguir las rutas, los asentamientos, las misiones y los presidios, así como las líneas de contacto y de fricción con las tribus indias. Los mapas elegidos ofrecen además un elevado valor estético y algunos de ellos incluyen dibujos de figuras.

Hacia el Lejano Oeste: el sublime americano

Los caminos hacia el Oeste fueron abiertos por bandoleros y compañías de comercio de pieles y después por científicos y militares que realizaron largos recorridos que se hicieron acompañar por artistas que ilustraron sus hallazgos o algunos con mayor ambición artística, pintaron o fotografiaron los paisajes de sus pobladores originales. El advenimiento del ferrocarril facilitó el acceso a una naturaleza “edénica” y también turística que con gran ayuda de los artistas, pasaría a ser protegida a través del innovador sistema de parques nacionales como Yosemite, Yellowstone y el Gran Cañón, son algunos de los escenarios representados en la exposición.
La representación de ésta naturaleza desbordante y grandiosa exigió de un marco conceptual y visual apropiado a la desmesura y a la falta de referencias humanas. Pintores como Thomas Cole, Albert Bierstadt y Thomas Hill, con un exacerbado lenguaje romántico, crearon obras que tuvieron gran trascendencia en la historia del arte; y los fotógrafos como Carleton E. Watkins, Timothy O’Sullivan y William Henry Jackson establecieron un modelo de paisaje fotográfico que aún hoy continúa vigente, influyendo enormemente en la imagen que los estadounidenses que formaron entonces el Oeste.

 Las gestas artísticas de Bodmer y Catlin / Indios y vaqueros, un género pictórico

Los primeros artistas que entraron en el Oeste en los años treinta del siglo XIX no fueron paisajistas sino retratistas, con mayor o menor rigor científico los etnógrafos. George Catlin, con su extraordinaria Galería India, y Karl Bodmer, con la precisa documentación gráfica de los Viajes en el interior de Norteamérica, y del antropólogo Maximilian zu Wied-Neuwied, nos permiten conocer en profundidad los campamentos indios, la caza del búfalo y los rituales de numerosas tribus, así como su fisonomías y atuendos. Ellos dieron paso a una visión idealizada pero melancólica de la vida india, en la que funden paisaje y figuras, fantasía y etnografía.
En la segunda mitad del siglo, éstos temas ya se habían convertido en un subgénero pictórico con gran expansión popular, asociado a la pintura historica o a la costumbrista y presente en la producción de artistas como Charles M. Russell, Charles Wimar y Frederic Remington, entre otros.
La figura del jefe indio fascinó a cuántos pintores y fotógrafos tuvieron ocasión de verlos y observar sus actitudes personales. En éstos cuadros y fotografías se muestran con detalle los tocados y vestimenta, las pinturas corporales o los objetos de poder que porta cada uno de ellos.
Por primera vez en España, podrán verse los famosos retratos realizados por Bodmer y Catlin o las fotografías de jefes legendarios salidas de las cámaras de Adolph Muhr o Edward S. Curtis, tomadas años más tarde.
En ésas últimas décadas del siglo XIX, fueron incluso los propios jefes los que se preocuparon por inmortalizar su imagen; así lo hicieron Toro Sentado, Gerónimo o Joseph en el curso de sus viajes por el este de los Estados Unidos para acudir a negociaciones o encuentros, estando ya sus tribus confinadas en reservas.
A éste momento corresponde la monumental empresa fotográfica y editorial "El indio norteamericano" de Curtis, un controvertido y sin embargo valiosísimo conjunto artístico y etnográfico, hoy en gran parte perdido, del que se han seleccionado varias imágenes que se poseen.

Etnografía 

La colonización dispuso un violento impacto sobre las culturas indias, en un proceso muy rápido que los llevó casi a la desaparición. Hubo quiénes quisieron preservarse en la medida de lo posible iniciando unas colecciones que han llegado hasta nuestros días. Una selección de trajes, objetos cotidianos y rituales, armas y adornos de las culturas nativas se expondrán a lo largo del recorrido de la exposición, ilustrando algunos detalles de la forma de vida de las tribus.

Cultura popular

 Como muestra de la gran divulgación y potencial de fascinación que han tenido las leyendas del
Lejano Oeste en todo el mundo hasta hoy mismo, se presentará un conjunto de libros, cómics, carteles de cine y películas, procedentes del archivo gráfico de la Filmoteca Nacional y de la colección particular del editor Alfredo Lara, así como un gran número de objetos cedidos por la Baronesa Thyssen-Bornemisza.

Bajo la luna comanche

Como artista de la naturaleza, el comisario de la muestra Miguel Ángel Blanco se ha interesado desde hace años por el arte y la cultura de las tribus, lo que ha afianzado su
“admiración por la capacidad de interpretar las señales naturales y por su atención a las fuerzas sobrenaturales” y ha hecho suyo el ideal de vida indio de “caminar en la belleza, armonizando tierra y cielo, cuerpo y espíritu”
Cerrando la exposición, se presenta una selección de 13 libros-caja, relacionados con el Oeste americano, que forman parte de su Biblioteca del Bosque. Iniciada en 1985 y compuesta en la actualidad por 1.148 libros-caja, ésta biblioteca es un proyecto escultórico vital que recrea paisajes, experiencias y visiones, expresados en dibujos, imágenes y composiciones con elementos o materiales de la naturaleza. El artista ha realizado además una instalación con cráneos de animales simbólicos para los indios y una intervención sonora que evoca el galope de las manadas de búfalos.


martes, 29 de septiembre de 2015

Edvard Munch en "Arquetipos"


"El grito" es una de las pinturas más famosas del mundo y está considerada la obra más importante del simbolista Edvard Munch. El interés de Munch por la representación expresiva de las emociones a través del arte y el modo en que supo plasmarlas a través de su pintura, y está considerado uno de los precursores más influyentes del Expresionismo.
Originalmente llamó a ésta pintura "El grito de la naturaleza" (Der Chrei der Natur) y fue creada como parte de la serie Friso de la vida sobre la vida moderna, el amor, la angustia y la muerte.
Contra la represión moral y la tristeza: contra ésto se sublevó pincel en mano el famoso artista noruego Edvard Munch. Fue hace más de cien años, allá en el norte del mundo, en la lejana ciudad de Cristianía (actual Oslo). Aunque sea uno de los pintores más caro de todos los tiempos, su obra "El Grito" se vendió en mayo de 2012 por 120 millones de dólares en la casa de subastas Sotheby`s, y poco se conoce de éste artista que cumple ciento cincuenta años de su nacimiento.
Singular, extraño, un poco dejado de lado por el público general hasta el momento reciente en que batió el récord de venta, desde entonces –y como pasa casi siempre– Munch pasó a ser un niño mimado importante del arte mundial.
Aunque su fama se debe también a la influencia que ejerció con su obra a principios del siglo XX sobre otros artistas fundamentales de las vanguardias europeas, sobre todo los expresionistas alemanes: Munch tocó el corazón artístico del grupo de artistas Der Brücke (“El Puente”), ésos feroces pintores que rompieron con toda la convención del color, tema y forma de la pintura en una Alemania violenta, de pre-guerras mundiales, junto a los artistas –expresionistas y también alemanes como Der Blaue Reiter (“El jinete azul”) y muchas de sus obras fueron prohibidas durante 1930 y 1940 por el Nazismo, calificadas de “arte degenerado”.


Entonces de dónde nació, hace tanto tiempo en un lugar tan alejado, el espíritu rebelde de Munch, con las ganas de liberarse con la pintura…?

Arrastrando de chico una historia personal trágica, su madre fallece cuándo él tenía cinco años, y su hermana cuándo tenía quince, otra de sus hermanas sufría una enfermedad mental crónica y él mismo era débil, y frecuentemente se enfermaba, y fue justamente una pintura referida a Sophie (su hermana fallecida), la que le causó el impacto y gran escándalo en la tranquila Cristianía, por 1886, cuándo Munch tenía entonces unos 20 años y había presentado ésa obra en el “Salón de otoño” de la ciudad.
El público, habituado a ver marinas y paisajes con lindos atardeceres, se sintió incómodo ante la vista de la pintura con la tragedia de una niña a punto de morir; pero se sintió aún más incómodo por la manera en que la obra estaba pintada: las formas abiertas, los dedos como sin terminar… Eso no era una pintura, decía la gente: era un garabato.
Y el público asentía, y armaba revueltas en la sala de exposiciones y hasta escupía sobre las pinturas. Entonces acudía la policía para calmar la situación. Ante ésto, Munch se mostraba sorprendido: “Es increíble que algo tan inocente como la pintura pueda causar tanto alboroto”, sostenía.
Por disgusto de su padre, que el artista frecuentara la “bohemia de Cristianía”: un movimiento de anarquistas radicales que se oponían a las agonías en las que vivía envuelto el hombre ante la nueva Modernidad, y los “bohemios” se oponían a la hipocresía de una falsa moral y lo criticaban todo.
Salvo la pintura, nada fue fácil era en la vida de Munch: tenía un carácter inestable, el alcohol le era un problema, y si bien logró hacer carrera en el arte, siempre le fue mal en las relaciones amorosas. Entre sus pocos noviazgos se cuenta el que mantuvo con la hermana de Friederich Nietzche, Elisabeth Förster-Nietzche. La relación fue el desencadenante para que el pintor volviera desde Berlín –donde estaba pasando un período– a Noruega: allí se internó en 1908, en una clínica psiquiátrica y murió en 1944, viviendo solo retirado en una casa de campo, donde lo único que hacía era pintar y estar rodeado de cuadros con una vida apática.


Del 6 de octubre de 2015 al 17 de enero de 2016 en el Museo Thyssen-Bornemisza se presenta a Edvard Munch en "Arquetipos", la primera exposición del pintor noruego en Madrid desde 1984.
Organizada en colaboración con el Museo Munch de Oslo, la muestra reúne una selección de ochenta obras del artista, considerado uno de los padres del arte moderno expresionista junto a Cézanne, Van Gogh y Gauguin.
En las recientes exposiciones lograron liberar a Munch de muchos estereotipos a los que se había sometido, para mostrarlo no solo como símbolo universal de la angustia y la alienación del hombre moderno, sino como un creador esencial en la formulación de la sensibilidad artística contemporánea.
Con la curaduria de Paloma Alarcó y Jon-Ove Steinaug, Edvard Munch en "Arquetipos"  propone seguir una senda centrando la atención en los aspectos más desconocidos de su fuerza creadora y en su capacidad de sintetizar las obsesiones del hombre contemporáneo.


Muy vinculado durante toda su vida a los ambientes literarios y artísticos de su época, Edvard Munch contribuyó con su obra al avance de la modernidad que se produjo en todos los ámbitos de la cultura europea a finales del siglo XIX, junto a figuras destacadas como el dramaturgo noruego Henrik Ibsen, el escritor sueco August Strindberg o el filósofo alemán Friedrich Nietzsche.
El arte de Munch surge de una mezcla de tradiciones artísticas, corrientes literarias progresistas y especulaciones esotéricas, para crear una mitología de los tiempos modernos valiéndose de arquetipos, imágenes de comportamientos humanos, Munch establece múltiples relaciones entre los signos del mundo físico y la dimensión espiritual más oculta.

Obsesiones existenciales como el amor, el deseo, la ansiedad, los celos, la enfermedad y la muerte, o estados de ánimo como melancolía, soledad o sumisión, se muestran en su obra a través de la actitud corporal de los personajes, paralizados en una especie de tensión estática en que su gesto expresa el sentimiento que deben representar.
Las formas planas y sinuosas, el color simbólico, la deformación expresiva del cuerpo, o la utilización de texturas y técnicas experimentales fueron igualmente elementos básicos de su vocabulario artístico.
La exposición reúne un total de ochenta obras, muchas nunca antes expuestas en España, que abarcan
toda la prolífica carrera del artista noruego. La mitad son préstamos del Museo Munch de Oslo y el resto pertenecen a otras instituciones de todo el mundo, como la Kunsthaus de Zúrich, el Kunstmuseum de Basilea, la Tate de Londres, el MoMA de Nueva York o la National Gallery de Washington, y algunas colecciones privadas internacionales, incluyendo la pinacoteca del Museo Thyssen-Bornemisza, el único en España que posee obras de Munch, tanto en la colección permanente como en el depósito de la Colección de Carmen Thyssen-Bornemisza.
La muestra se articula en torno a un amplio catálogo de arquetipos emocionales (melancolía, amor, muerte…) y a los escenarios que están representados como (la costa, la habitación de la enferma, el abismo, el bosque, la noche, el estudio del artista), combinando todo el recorrido con obras tempranas en sus versiones tardías, obra gráfica y pinturas para subrayar su temática existencial de su obra.

Melancolía:
Contagiado del impresionismo y todo el simbolismo de algunos artistas del cambio de siglo, Munch se aleja pronto de las tendencias naturalistas en las que se había formado y rompe con todas las convenciones artísticas y sociales de su época. Junto a algún paisaje temprano pintado al aire libre, que sirve para comprender la futura evolución del pintor, como el "Atardecer" de (1888), en la que su hermana Laura, que luego sufrirá una enfermedad mental,
aparece sola y ensimismada.
A partir de ahí, se produce una reducción formal del paisaje y los rostros de los personajes van perdiendo sus facciones. Atardecer, Melancolía y sus sucesivas versiones, o Madre e hija y Los solitarios, de diferentes etapas, son ejemplo del nuevo
lenguaje artístico, simbólico y poético que acrecienta la intensidad emocional.

Muerte:
“Enfermedad, locura y muerte fueron los ángeles negros que velaron mi cuna”, dijo
Edvard Munch, que a pesar de ello, veía en ellas una alegoría de la creatividad.
El pintor consideraba el desmoronamiento físico y mental como un estado en que la imaginación estética podía superar las limitaciones de la razón y dar lugar a la experimentación.
Casi todo lo que hice a partir de entonces tiene su origen en ésta pintura; "La niña enferma" y sus múltiples variaciones, tanto en pintura como en grabado, son la personificación del sentimiento existencial de miedo a la muerte.
La composición de "Muerte en la habitación de la enferma" (1896), con su teatral puesta en escena cargada de drama y dolor, o "Agonía" en la que, con su técnica abocetada de grandes y expresivas manchas de color, está representada la experiencia física de la
muerte, son algunas de las emblemáticas obras reunidas en éste espacio.

Pánico:
Durante las innovaciones científicas y tecnológicas de la segunda mitad del siglo
XIX, el nuevo ambiente urbano abarrotado por las masas, transformó el modo en que el hombre
moderno percibía su relación con el mundo.
La angustia, la ansiedad y la incertidumbre sustituyeron a los viejos ideales y convicciones, y Munch tenía pánico a las multitudes y sentía la ciudad de una manera traumática, como un lugar de estrés y agitación donde el hombre se veía sometido a múchas experiencias negativas.
La versión litográfica de "El grito" presente en la exposición contiene todos los elementos de angustia existencial de la obra original, en el que un bello lugar de esparcimiento se transforma en escenario de la desintegración y destrucción de un orden racional, la siniestra figura con cabeza en forma de calavera y su mueca de terror busca desesperadamente nuestra mirada, mientras se tapa los oídos para no escuchar el grito estridente que le rodea.
Otros grabados y xilografías reunidas en la sala, como Ansiedad, Pánico o "Pánico en Oslo", representan auténticos dramas visuales cuyos aterrados protagonistas son arrastrados por el anónimo y angustiado pulular de las muchedumbres en las calles de la ciudad.

Mujer:
Munch convirtió a la mujer en el centro de su universo pictórico. "En "Mujer" (1925) están representadas tres etapas vinculadas al proceso biológico de la vida sexual femenina: la femme fragile, la femme fatale y la mujer madura.
Una síntesis de su concepción de la mujer se repetirán a lo largo de toda su obra: la mujer idealizada (femme fragile) y demonizada (femme fatale).
La primera, la mujer ideal, casta y delicada la encontramos en "Pubertad" (1914-1916) o en "Noche de verano", "La voz" (1894), unas obras con las que Munch logró establecer como nadie el paradigma del despertar de la sexualidad en la mujer, creando un modelo que imitarían más tarde otros artistas como Schiele, Kirchner o Picasso; y la otra imagen de la mujer, la seductora, amenazadora y dominadora, aparece en obras como "Mujer pelirroja con ojos verdes" y "El pecado" en (1902).

Melodrama:
El teatro de Ibsen y de Strindberg influyó en algunas pinturas del artista noruego, como queda en la serie "La habitación verde" donde los personajes parecen estar en un pequeño escenario, convertidos en actores que se mueven frente a nosotros con expresiones distorsionadas de ansiedad y dolor o en actitud introspectiva. El espacio es asfixiante, con un interior recargado, decorado con papel pintado y muebles demasiado grandes, aumentando la sensación de claustrofobia.
"Celos", en sus diversas versiones pictóricas enfrenta de manera las figuras del hombre y la mujer con el espectador, volviendo a mostrar en ésta serie la sintonía con su amigo Strindberg, que trató también el tema en sus escritos y en alguna pintura; para ambos, la experiencia del amor estimula sentimientos de celos, angustia, incertidumbre o desesperación.

Amor:
En la mayores representaciones del amor en la obra de Munch hay un cierto deleite en ése lado oscuro del sentimiento. Es el caso de "El beso", cuyos personajes entrelazados van perdiendo
progresivamente su identidad, desde que aparecen las dos figuras besándose con pasión junto a una ventana, hasta la total simbiosis de los amantes en una forma abstracta.
En las versiones de Mujer vampiro aparece la sensualidad perversa, con ésa figura desnuda abrazando a su víctima, un hombre en posición sumisa envuelto por su larga melena pelirroja que absorbe toda la energía vital; y el beso se convierte en mordisco como símbolo de posesión física y psicológica.

Nocturnos:

Partiendo del paisaje como reflejo de la tensión emocional, las escenas nocturnas de Munch acentúan su contenido psíquico gracias a todo un repertorio de signos, como sombras, árboles o rocas, que se interponen entre la visión y la percepción sensorial, entre el mundo exterior e interior.
La simplificación de las formas y el intenso juego de contraluces hacen que fijemos nuestra atención en la superficie pictórica del cuadro en" Bajo las estrellas" (1900-1905), los amantes se abrazan en una oscura noche estrellada en la que flotan las sombras; y en "Noche de invierno" (1900-1901) o en "La casa roja en la nieve" (1925-1926), los árboles parecen surgir del inconsciente y las sombras producen una sensación de inquietud y desasosiego.

Vitalismo:
Edvard Munch regresa a Noruega en 1909 trás un largo exilio voluntario en Francia y Alemania. Un sentimiento nacionalista y de armonía, y una voluntad de replanteamiento artístico, dieron lugar a
nueva etapa creadora que llevó a centrarse en motivos plásticos más terrenales, y realizar unas obras más heroicas y vitales con un estilo colorista y nuevos motivos, de escenas rurales o estaciones del año.
En "El manzano" (1921), "Adán y Eva" (1909) o "Las niñas en el puente" (1933-1935) son una buena muestra de ésta nueva faceta creadora. En muchas de éstas composiciones aparece la imagen del árbol robusto que se convierten en expresión de fuerza vital y símbolo de la cadena metabólica de la vida; una fusión perfecta entre el papel del árbol en la mitología nórdica, considerado por los vikingos como el centro del universo, y la tradición cristiana, en la que representa tanto al mundo, antes de la caída como en la tentación.

Desnudos:
Convertidos sus personajes en la personificación de pasiones y sentimientos, Munch
utiliza el cuerpo humano para formular ésas emociones, por lo que muchas de las figuras desnudas
que aparecen en sus cuadros poco tienen que ver con el problema pictórico de la representación del desnudo. Sin embargo, en las obras con figuras pintadas a partir de modelos de estudio, Munch juega con las dos cualidades corporales óptica y táctil
propias del desnudo, priorizando la belleza sensual en oposición al cuerpo frente a las emociones; lo vemos en "Desnudo femenino llorando" o en "Desnudo femenino de rodillas".
En las décadas finales de su carrera se interesó también por el tema clásico del artista y la modelo, que pinta en su estudio de Ekerly, donde se instala en 1916 trás su deambular por ciudades diversas y que convierte en ésos últimos años en espacio de experimentación y reflexión sobre las aspiraciones de su arte.
Es una etapa de madurez artística y personal en la que Munch pinta con más libertad y energía que nunca.

jueves, 7 de mayo de 2015

ZURBARÁN; una nueva mirada


El Museo Thyssen-Bornemisza presenta desde el 9 de junio al 13 de septiembre la exposición Zurbarán: una nueva mirada, donde plantea una revisión actualizada de la obra del gran maestro del Siglo de Oro español con descubrimientos y estudios realizados en las últimas décadas,que enriqueceron el conocimiento del artista y su trabajo.
La selecicón en primer lugar está centrada en la obra autógrafa de Zurbarán, con piezas de distintas épocas que realizó a lo largo de toda su carrera. Las obras expuestas proceden de museos españoles, europeos y americanos, e incluyen algunas que nunca fueron expuestas en España y otras que han pasado a formar parte del catálogo del pintor después de 1988. También se presenta una sala dedicada a la producción de los ayudantes del taller y otra dedicada a la naturaleza muerta, en la que se reunen algunos de los escasos bodegones del maestro junto a los de su hijo Juan.
Trás su presentación en Madrid, que cuenta con el mecenazgo de Japan Tobacco International, la exposición viajará a Alemania, para el Museum Kunstpalast de Düsseldorf donde podrá visitarse del 10 de octubre de 2015 al 31 de enero de 2016.
Francisco de Zurbarán es uno de los artistas más avanzados de su época. El atractivo de su obra desborda ampliamente el ámbito hispano y lo convierte en figura entre los nombres más destacados de la pintura europea.
Pintor de lo concreto, de formas geometrizadas, con duras aristas, y grandes superficies lisas, junto al universo solemne y silencioso que transmite su obra, con algunas sensibilidades de movimientos artísticos del siglo XX, del cubismo a la pintura metafísica, poniendo de manifiesto su gran actualidad religiosa.
Zurbarán es también uno de los pintores españoles del siglo XVII que mejor ha expresado el sentimiento religioso en su obra con una sutil síntesis entre misticismo y realismo.
La mayor parte de su vida pasó en Sevilla dedicado a la a pintar sus cuadros con devoción, retablos o ciclos monásticos para las comunidades monacales florecientes en aquella época, como dominicos, franciscanos o mercedarios.

Los religiosos sevillanos le encargaban en su taller conjuntos que marcaron su estilo de concepción tenebrista de la luz como así las figuras escultóricas que llenaban de dignidad el espacio de luz dando esa sensación de profundizar la fé. Colorista excepcional, su profundo interés por expresar la perfección de las cosas, hace que las telas y los enseres representados de la naturaleza sean - flores, frutas, vasijas- de forma dispuesta adquieran el rango de protagonistas junto a los rostros y las manos de los personajes.

Algunos ejemplos los encontramos en su famosa serie de santas que representa de forma novedosa, solas, vestidas con ricos y suntuosos trajes y con rostros de gran belleza y de mirada expresiva.
De sus manos han surgido también algunos de los bodegones más influyentes de la pintura española, construidos con toscos objetos, éstas obras tienen la virtud de transmitir al espectador todo un mundo de sensaciones plenas de trascendencia.

Sesenta y tres obras se presentarán en su mayoría de gran formato distribuidas en siete salas, siguiendo un orden cronológico y atendiendo también a la naturaleza del encargo por las que fueron ejecutadas. Con éste planteamiento el visitante encontrará espacios dedicados a las comunidades religiosas junto a otras, incluyendo a dos salas dedicadas a bodegones y a los artistas que colaboraron en su taller.
Bodegón con cacharros, oleo sobre lienzo, 47 x 79 cm. Barcelona, MNAC. Museu Nacional d’Art de Catalunya. Legado de la Colección Cambó. 1650-1655
Hijo de un comerciante acomodado, Francisco de Zurbarán nació en Fuente de Cantos (Badajoz) en 1598 y fue el menor de cinco hermanos varones.


En 1629, Zurbarán se instaló con su familia en Sevilla y continuó trabajando en grandes conjuntos solicitados por religiosos. En 1634 su amistad con Velázquez le brindaron la oportunidad de liberarse de la tutela de su clientela monástica y colaborar en la mayor empresa madrileña de la época: la decoración del Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro. Zurbarán se traslada por un tiempo a la capital, donde pinta dos grandes cuadros de historia con el tema del Socorro de Cádiz y una serie sobre los trabajos de Hércules, muy realista que hoy sorprende. De regreso a Sevilla, realizó dos de sus series más importantes: el retablo mayor para la cartuja de Jerez (Cádiz), Los grandes ciclos monásticos de 1638 y 1639 marcan el apogeo de su trabajos con La adoración de los Magos (c.1638-1639) procedente del Musée de Grenoble o el Martirio de Santiago del Museo del Prado.


Se formó en Sevilla, en el taller de Pedro Díaz de Villanueva, donde está documentado en enero de 1614. Concluido su aprendizaje, contrae matrimonio con María Páez en 1617, en Llerena, con 19 años de edad. Con ella tuvo tres hijos, entre ellos Juan, futuro pintor y colaborador. Zurbarán se casó en dos ocasiones más, con Beatriz de Morales en 1625 y con Leonor deTordera en 1644.
Tanto el maestro como el taller se interesaron por el mercado americano, especialmente de Lima y Buenos Aires, hacia donde embarcaron pinturas destinadas a iglesias y monasterios. A partir de 1640, su taller se centra en importantes series de personajes de pie, iniciadas con Los Apóstoles de Lisboa (1633) y con frecuencia destinadas al mercado colonial.
"Cristo muerto en la Cruz" del Museo de Bellas Artes de Asturias, colección Pedro Masaveu, la Casa de Nazaret de una colección madrileña.

 El estilo de Zurbarán empezó a cambiar hacia 1650 cuándo su pincelada se torna más suave, los efectos lumínicos se moderan, los fondos se vuelven más claros y las tonalidades de sus figuras se hacen mucho más luminosas. Su entrañable mirada sobre la infancia se expresa en imágenes de la "Virgen niña dormida"y representaciones de la Inmaculada, devoción nueva de la que Sevilla lo convierte en adalid de éstos temas monásticos.

La belleza de su estilo tardío muestra una evolución de su pintura hacia una mayor dulzura y refinamiento. Incluso antes que Murillo, Zurbarán se hace eco también con gran naturalidad de la renovación que introduce en la Reforma Católica.
San Francisco en meditación, 1639. Óleo sobre lienzo, 162 x 137 cm. Londres, The National Gallery. Legado por Major Charles Edmund Wedgwood, 1946